Normalmente regulamos la temperatura de nuestro cuerpo mediante la sudoración, expulsando el agua que al evaporarse nos enfría el cuerpo. El calor extremo, la humedad y el ejercicio bajo el sol pueden hacer que esta medida sea insuficiente. Por lo que nuestro cuerpo no es capaz de mantener una temperatura baja y aparecen dolores de cabeza, el pulso se nos acelera y podemos sentir mareo, nauseas, debilidad… Si alguna vez te sientes así busca un lugar fresco, toma asiento y bebe mucho líquido (que no sea alcohol) porque estarás sufriendo un golpe de calor.


En España, es frecuente que los episodios de golpes de calor ocurran en los meses de junio, julio y agosto, cuando se superan los 40 °C de temperatura. Los golpes de calor son más frecuentes al comienzo de una ola de calor, dándose en las primeras 24 ó 48 horas. Esto se debe a que el cuerpo aún no ha puesto en marcha los mecanismos de aclimatación. Ante esta situación, el cuerpo sufre importantes pérdidas de agua y tiene dificultades para regular su temperatura por los mecanismos habituales como la sudoración, produciéndose, como consecuencia, un aumento de la temperatura corporal que desemboca en un golpe de calor. Conoce cómo puedes prevenir un golpe de calor. ¡Toma nota!

Evita la exposición prolongada al sol

Evita la exposición al sol en las horas centrales del día (de 12 a 17 horas) y, en general, evita exposiciones prolongadas o dormirte al sol. Además, es necesario que no realices actividades físicas o prácticas deportivas intensas en las horas centrales del día, ya que la temperatura corporal de tu cuerpo aumentará y la sudoración no será suficiente para regular la temperatura interna del cuerpo.

Pasa el tiempo en lugares con aire acondicionado

En los meses de verano, y especialmente cuando se suceden olas de calor y temperaturas tan altas como las que se están registrando estos días, es habitual el uso del aire acondicionado. Si no dispones de él en casa, acude a esos centros comerciales o tómate un refresco en un restaurante que cuente con él para aprovechar esas temperatura. Acuérdate de bajar la temperatura por la noche, si tienes aire acondicionado en casa, porque el cuerpo se enfría durante el sueño.

¡Utiliza complementos!

Aunque no nos demos cuenta la cabeza puede sufrir los rigores de las altas temperaturas. Por eso, la mejor manera de protegerla del sol es cubrirla. Además, llevar gafas de sol es una buena manera de evitar la exposición directa con la claridad del sol que tanto daño acabar haciendo al cristalino. De esta forma, cúbrete adecuadamente la piel, la cabeza y los ojos con ropa, sombreros o gorros y gafas de sol. Esto te ayudará a prevenir tanto los golpes de calor como las quemaduras.

Lleva ropa ligera

Lleva ropa ligera que permita la transpiración, el principal mecanismo de refrigeración de nuestro cuerpo. Además, cuando se elige la ropa ligera, también es posible mejorar no solo nuestra comodidad, también el estado de ánimo, pues podemos movernos de forma más libres y sin opresión. Por otro lado, recuerda que para luchar contra el calor y la humedad, se recomienda llevar ropa blanca, ligera y ancha que favorece la evaporación del calor, mientras que las ropas de color y ajustada y de tejidos malos conductores ayudan a mantener bajo mínimo la pérdida de calor.

¡Hidrátate!

La Deshidratación consiste en una falta de agua y sales minerales en nuestro organismo. Los síntomas de la deshidratación dependen del nivel de la misma desde dolor de cabeza (similar al de la resaca), vértigo al ponerse de pie, mareo… hasta aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, delirios, espasmos e incluso la muerte. Una adecuada hidratación nos ayuda a humedecer los tejidos del cuerpo, a mantener la capacidad de protección, la resistencia y a preservar la elasticidad de nuestra piel. Consume abundantemente agua, líquidos y bebidas isotónicas; evita las comidas pesadas de difícil digestión que hacen aumentar la temperatura interna.

Presta especial atención a los ancianos, niños y embarazadas

Los niños y ancianos son más propensos a sufrir un golpe de calor que los adultos, ya que no son conscientes de la sensación de sed y además poseen una menor capacidad para expresarla. Asegúrate de que están bebiendo el agua necesaria y evita la exposición prolongada al sol, sobre todo en las horas centrales del día. En concreto, los niños menores de tres años no deben exponerse al sol.

En cuento a las embarazadas, debes saber que el umbral de la sed aumenta y es necesario beber más (entre 2,3 y 2,5 litros de agua al día). Además, la temperatura del cuerpo de las mujeres crece de un modo natural como consecuencia de su estado. Por ello, las gestantes son más susceptibles de padecer un peligroso golpe de calor durante los meses de verano. En este estado y esta época del año, es de vital importancia mantenerse constantemente bien hidratadas y permanecer atentas a los principales síntomas del golpe de calor (dolor de cabeza, mareos, náuseas e incluso vómitos).

¿Qué hacer en caso de golpe de calor?

Traslada a la persona afectada a un lugar a la sombra y colócala en posición tumbada con la espalda recta y las piernas levantadas, para favorecer la circulación de la sangre. Humedécele el rostro con una esponja o paño húmedo, pero no le des de beber si se encuentra inconsciente porque podrías ahogarla. Si su temperatura no desciende, presenta pulsó débil y palidez o sabes que sufre de enfermedades cardíacas, acude inmediatamente al médico.

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